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EL PURGATORIO. ESTUDIO BÍBLICO Y TEOLÓGICO I

Primera parte: Introducción, doctrina del Purgatorio y herejías
Por: Gerardo Cartagena Crespo




“Yahvé, Yahvé es un Dios misericordioso y clemente,
tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad.
Él mantiene su benevolencia por mil generaciones y
soporta la falta, la rebeldía y el pecado,
pero no los deja sin castigo

--Éxodo 34, 6-7--


Introducción

¿Es el Purgatorio una invención de la Iglesia Católica, o al contrario posee bases bíblicas que lo apoyan?

En este tratado veremos que, no solamente hay bases bíblicas que apoyan la doctrina del Purgatorio, sino que el mismo Jesucristo la enseñó en algunas de sus parábolas.

En este estudio analizaremos los siguientes puntos necesarios conocer para poder entender la naturaleza y realidad del Purgatorio. Que no es una invención de la Iglesia Católica, sino que posee fuertes fundamentos bíblicos.

A. Doctrina del Purgatorio y herejías
B. Dios no es Dios de muertos, sino de vivos
C. Examinados en el amor
D. Nada manchado puede estar ante la presencia de Dios
E. Oraciones, mortificaciones, sacrificios y penitencias
F. Las parábolas de Jesús y el anuncio del Reino ¿Enseñó Jesús la doctrina del Purgatorio?
G. Pecados mortales y veniales
H. La oración por los difuntos
I. El fuego purificador
J. El caso del ladrón arrepentido o del “buen ladrón”
K. Resumen


Pero para poder entender la doctrina del Purgatorio y los textos bíblicos en los que se fundamenta, también hay que conocer y entender la realidad de la vida inmediatamente después de la muerte (realidad ésta que muchas sectas niegan, puesto que enseñan y aseguran que con la muerte el individuo no se da cuenta de nada), doctrina que aquí tocaremos; y la importancia del grado de pureza y perfección requerida para acceder a la presencia y visión de Dios. Es esta verdad la que hay que tener muy en consideración para poder entender y aceptar la realidad del Purgatorio, como estado necesario e indispensable para una perfecta purificación. Ambas verdades serán estudiadas aquí.

La doctrina del Purgatorio es una de las verdades más consoladoras de la bondad divina, la cual hace justicia y de gran misericordia ante la ignorancia y debilidades de la voluntad humana que, de buena fe, quiere hacer la voluntad de Dios, pero en muchas ocasiones se ve impedida a realizar, parcial o totalmente, por la fuerza del pecado. (El pecado de origen, que ha debilitado las facultades superiores, y los pecados actuales o personales, que atan al ser humano a las cosas de este mundo y que le llevan a renegar de Dios ya sea teóricamente -ateísmo- y en la práctica -creer en Dios pero vivir como si no existiera-).

El llamado de Jesucristo a la perfección cristiana («Sean perfectos y santos como lo es vuestro Padre celestial», nos dice Cristo), más que una exhortación, es un mandato divino de vida interior que debe manifestarse exteriormente, para así ser verdaderamente sal y luz en el mundo y, con este testimonio, dar gloria a Dios (Mateo 5, 13-16).

Pero la realidad es que la inmensa mayoría de los cristianos que, de una manera u otra se esfuerzan por vivir su fe (al término de su vida mortal) no llegan ni a una fracción de la perfección exigida por Cristo; una minoría llegan cerca, y sólo unos cuantos llegan a cumplir con dicha cuota. Luego todo acto bueno imperfecto por su misma imperfección (acto de caridad imperfecta; oraciones, devociones, práctica de los sacramentos imperfectos -distracciones e ignorancia involuntaria-; actos de religiosidad mezclado con intereses del mundo y con ciertas supersticiones; peros y desinterés a una total entrega a la voluntad de Dios...), aunque, en muchos casos y según las circunstancias, no sean merecedores del infierno, impiden la entrada al Reino de la Caridad Perfecta, del Amor pleno y absoluto, de la santidad misma: Dios. Por consiguiente, la razón nos indica que si dichos actos buenos imperfectos no me permiten entrar a la vida eterna (ni mucho menos al infierno, si se está en estado de gracia, por ser dichos actos de suyo buenos aunque imperfectos), y como ese estar fuera del cielo no puede durar para siempre, la lógica y, sobre todo, la razón nos lleva a inferir la existencia de un lugar o estado de vida que purifique de modo doloroso, pero en el amor, esas imperfecciones.

Y esta realidad se infiere por las palabras de Cristo: «De toda palabra ociosa, se pedirá cuenta» (Mateo 12, 36-37). De suyo las palabras ociosas (como pecados veniales cuya doctrina bíblica estudiaremos más tarde) no llevan al Infierno, pero por ser actos donde se suele faltar a la caridad, son impedimentos para entrar al cielo, por consiguiente requieren ser purificadas.

Dijo también Cristo que «quien esté libre de pecados, tire la primera piedra», refiriéndose a los que querían ponerlo a prueba con la adúltera, pero palabras que también son extensivas a toda la humanidad. Y San Pablo nos asegura que cada cristiano construirá su salvación según la medida de su entrega a Cristo (lee y medita: 1 Corintios 3, 10-17). Luego quien construye con materiales de poco valor, se salvará, pero tendrá que sufrir las consecuencias de su pereza y negligencia. (Como aquel siervo que, sin saber hace cosas que merecen castigo, será castigado con poca severidad -ver: Lucas 12, 35-48).

¿Qué cristiano y servidor de Cristo ha estado por largo tiempo sin pecado cuando las palabras ociosas, de las cuales se nos pedirá cuenta, son tan comunes y frecuentes? Con ellas ofendemos, aun sin querer al hermano, al Cristo que habita en el prójimo. Y ¿cuántas veces nos quedamos indiferentes ante tal atropello convencidos, de modo equivocado, que tales palabras ociosas no hacen daño a nadie?

Por ejemplo, cuántas veces conduciendo por la carretera alguien te hace un “corte de pastelillo”, o ante el semáforo en el momento de cambiar la luz a verde, el de atrás te toca la bocina, ¿cómo reaccionas ante estas situaciones y otras parecidas? ¿No te enojas? En vez de soltar palabrotas, ¿les echa la bendición de Dios? Y ante las largas filas en las agencias del gobierno, ¡cuántas palabrotas y críticas contra los empleados! ¿Cuántas veces se repite y se propaga un chisme sólo por haberlo escuchado sin antes averiguar si es cierto o falso? Y aunque fuese cierto el tal chisme, no hay derecho y es una falta de caridad el propagarlo. En las campañas políticas, ¿cómo te comportas con tu adversario político?, con aquel que es tu vecino, o con el que compartes la misma área de trabajo o, más todavía, con aquel que compartes en el culto cristiano, es decir, en la Cena del Señor, la Santa Misa...

¡Cuántas palabrotas, Señor, decimos los que nos llamamos cristianos y fieles tuyos!, y así, con estas deficiencias en la caridad, pretendemos disfrutar de las alegrías y del gozo eterno del cielo, de la santidad de Dios. ¡Qué mucha cuenta habrá que rendir al que nos ha mandado ser santos y perfectos como lo es su Padre celestial!

Pobre de la humanidad si, como dicen los protestantes (y actualmente también muchos católicos) no existiera un lugar de purificación para tantas palabras ociosas. Casi nadie se salvaría.

Y ¿qué decir de los que pertenecen a otras religiones no cristianas, o religiones politeístas o animistas; que nunca han escuchado ni se les ha predicado el Evangelio de Jesucristo, pero se esfuerzan por cumplir y vivir lo que su fe les manda? ¿Serán condenados porque desconocen sin culpa las verdades fundamentales que Dios nos ha revelado en su Hijo Jesucristo?

Es deseo de Dios, quien es la Verdad Absoluta, de que todos los seres humanos conozcan la verdad y en ella se salven (I Timoteo 2, 4), y quien conociéndola la rechaza él mismo se condenará (Marcos 16, 15-16); luego existe, moralmente y en conciencia, una grave responsabilidad de buscar la verdad y abrazarla. (Los cristianos en primer lugar son los que tienen la mayor obligación y responsabilidad de escudriñar y conocer la verdad; luego los judíos por ser ellos el pueblo escogido de la antigua Alianza, y a quienes los profetas les anunciaron un Mesías y Libertador cuyo reino abarcará a todas la naciones y será eterno --Salmo 86, 13; Isaías 52, 10--; luego los musulmanes a quienes Dios se les revela por medio de Mahoma al éste tomar del judaísmo y del cristianismo aquellas verdades con las que son afines. Y finalmente los politeístas, animistas y quienes practican diversas formas de religiosidad, están obligados en conciencia a buscar la verdad. Claro está, ésta obligación en la búsqueda de la verdad es atenuada por innumerables factores que minimizan su responsabilidad, pero no la anulan).

Por eso, quien vive y muere en el error, pero que de buena fe se ha esforzado por vivir su religiosidad, se entiende que no se condena, pero por esa misma deficiencia no es apto para entrar en la santidad plena del cielo. Luego si no se condena y no puede entrar todavía al cielo, ¿qué le queda?


A. Doctrina del Purgatorio y herejías

La existencia del Purgatorio es una verdad de fe (dogma de fe) a la que (los católicos) estamos obligados a creer si es que queremos continuar en comunión con la Iglesia. Negar dicha verdad o ponerla en duda es incurrir en herejía y arriesgarse a la condenación eterna, pues quien rechaza voluntariamente una verdad de fe está con ello rechazando la Palabra de Dios. Y quien niega una verdad de fe, ¿quién le asegura que más tarde no negará otras?

Con relación al Purgatorio, el Catecismo de la Iglesia Católica dice:

1030. Los que mueren en la gracia y en la amistad de Dios, pero imperfectamente purificados, aunque están seguros de su eterna salvación, sufren después de su muerte una purificación, a fin de obtener la santidad necesaria para entrar en la alegría del cielo.

1031. La Iglesia llama Purgatorio a esta purificación final de los elegidos que es completamente distinta del castigo de los condenados. La Iglesia ha formulado la doctrina de la fe relativa al Purgatorio sobre todo en los Concilios de Florencia y de Trento. La Tradición de la Iglesia, haciendo referencia a ciertos textos de la Escritura, habla de un fuego purificador:

Respecto a ciertas faltas ligeras, es necesario creer que, antes del juicio, existe un fuego purificador, según lo que afirma Aquel que es la Verdad, al decir que si alguno ha pronunciado una blasfemia contra el Espíritu Santo, esto no le será perdonado ni en este siglo ni en el futuro (Mt. 12, 31). En esta frase podemos entender que algunas faltas pueden ser perdonadas en este siglo, pero otras en el siglo futuro (San Gregorio Magno).

1032. Esta enseñanza se apoya también en la práctica de la oración por los difuntos, de la que ya habla la Escritura: “Por eso mandó (Judas Macabeo) hacer este sacrificio expiatorio en favor de los muertos, para que quedaran liberados del pecado” (2 Macabeos 12, 46).

Desde los primeros tiempos, la Iglesia ha honrado la memoria de los difuntos y ha ofrecido sufragios en su favor, en particular el sacrificio eucarístico, para que, una vez purificados, puedan llegar a la visión beatífica de Dios. La Iglesia también recomienda las limosnas, las indulgencias y las obras de penitencia en favor de los difuntos: Llevémosles socorros y hagamos su conmemoración. Si los hijos de Job fueron purificados por el sacrificio de su padre (Job 1,5), ¿porque habríamos de dudar de que nuestras ofrendas por los muertos les lleven un cierto consuelo? No dudemos, pues, en socorrer a los que han partido y en ofrecer nuestras plegarias por ellos. (San Juan Crisóstomo, Homila in primam ad Corinthios, 41, 5: PG 61, 594-595).

En el Compendio del Catecismo de la Iglesia, en el artículo 355, leemos: “Las exequias, aunque se celebren según diferentes ritos, respondiendo a las situaciones y a las tradiciones de cada región, expresan el carácter pascual de la muerte cristiana, en la esperanza de la Resurrección, y el sentido de la comunión con el difunto, particularmente mediante la oración por la purificación de su alma”.


Esta es la doctrina oficial de la Iglesia Católica y que todo católico debe creer si quiere mantenerse en comunión con la Iglesia y salvarse.
HEREJÍAS / Dificultades teológicas y pastorales

Lamentablemente, en la actualidad, esta doctrina esperanzadora está siendo puesta en duda y hasta negada por muchos en la Iglesia.

»Canonizaciones a granel

Cuando uno va a las exequias y actos religiosos por los difuntos, la enseñanza de quienes están administrando dichos actos da la impresión de que no creen en el Purgatorio y, en muchas ocasiones, ni en el Infierno. Y no me refiero a actos religiosos protestantes, sino católicos. Estos ministros católicos (laicos, religiosos y ordenados) a todos los difuntos los canonizan, sin considerar el testimonio de vida de los ya fallecidos. Me dijo un amigo que cuando estuvo en uno de estos actos fúnebres, el que estaba dando la reflexión habló del difunto de tal manera que parecía un santo y que ya estaba en la casa del Padre disfrutando del cielo, y que en eso oyó a alguien comentar: «Si ése que era un vividor y borrachón ya está en el cielo, ¿para qué perder el tiempo en ir a la Iglesia?»

Sí, es cierto que no podemos juzgar y que la misericordia de Dios es infinita, y todo aquel que en el último momento se arrepiente de corazón de sus pecados y pide perdón, Dios lo perdona; pero también es cierto que no podemos abusar de la misericordia de Dios y creernos más que la Iglesia canonizando a todo el mundo de modo irresponsable, dando la impresión de que la vida y estado de pecado no tiene importancia ni mayor trascendencia. Se corre el peligro de enseñar una herejía y, de hecho, se desvirtúa la verdad revelada.

»Herejías y errores en la Iglesia

Por eso, quienes canonizan a todos los difuntos cometen un error teológico y un desatino pastoral. El error teológico consiste en negar, de modo indirecto, la existencia del Infierno y del Purgatorio, pues como escuché a un sacerdote decir en una homilía, para no negar la existencia del infierno de modo directo, que el infierno está vacío (luego si el infierno está vacío su existencia es innecesaria y no tendría razón de ser. Cuando estuve en el seminario un sacerdote que nos visitó me dijo que él no creía en el infierno), y a otro en otra homilía que la existencia del Purgatorio no es sostenible y que teólogos en la Iglesia lo estaban descartando. A este último, después de la misa le dije que la existencia del Purgatorio es un dogma de fe, pero me enfatizó que la existencia del Purgatorio ya no está siendo sostenida por muchos en la Iglesia.

Esta terrible y triste realidad me trae a colación las palabras del Espíritu Santo por boca de San Pablo de que antes de la segunda venida de Cristo y la manifestación del Anticristo (Catecismo de la Iglesia Católica 675-677), tiene que venir una gran apostasía (2 Tesalonicenses 2, 3-4), es decir, un rechazo y negación de las verdades de la fe, y no solamente de fuera de la Iglesia, sino también desde dentro (ver 1 Juan 2, 18-19). ¿Por qué ya no se predica sobre estas verdades? ¿Por qué el tema de la salvación eterna y la posibilidad de la condenación no es tema común en las predicaciones, homilías y en la catequesis? Vamos, no es que deba ser demasiado frecuente, pero tampoco que sea casi o totalmente nula tal enseñanza.

Si he de vencer a un enemigo, ¿cómo lograrlo si no lo conozco? Si pasa desapercibido y los que deberían prepararme para vencerlo no lo hacen, ¿qué nos queda?

Y para que veas hasta donde ha llegado esto de la apostasía mira estos datos que he logrado recopilar aquí y allá para que nos preparemos y nos pongamos a la defensa de la fe. Ya no es defendernos de los errores modernos que circulan fuera de la Iglesia, sino de los que nos afectan directamente y han ocupado sectores dentro del catolicismo. No solamente la negación y rechazo de la existencia de Satanás, del Infierno y del Purgatorio, sino también la negación y rechazo o puesta en duda de la resurrección corporal de Cristo (a lo más, se dice y se enseña, fueron apariciones espirituales de Cristo); se dice y se enseña que la virginidad de María es meramente espiritual y moral, no envuelve la físico-biológico. (Un mariólogo me dijo que la virginidad de María antes, durante y después del parto no forma parte del dogma de la Virginidad, luego María NO es virgen según el sentido histórico de virginidad, por lo que el sentido y la razón de ser del dogma desaparece).

Y así, con estos nuevos conceptos ya se está negando y rechazando como verdad de fe e histórica la Concepción Virginal, es decir, que tal evento no pasa de ser una leyenda y que María concibió a Jesús por unión marital con José. No, no creas que estoy hablando de sectas fuera de la Iglesia, sino de teólogos y exegetas que están enseñando tales herejías. (Por ejemplo, hay un libro titulado “La Concepción Virginal y la resurrección Corporal de Jesús”, cuyo autor -Raymond E. Brown, S.S.- defiende ambas verdades contra los teólogos y exégetas católicos que las niegan o ponen en duda).

Según las nuevas concepciones de algunos exegetas católicos los Evangelios están plagados de elementos legendarios como la estrella de Belén, los Magos de Oriente, las manifestaciones de los ángeles a los pastores, e incluso la Anunciación fue producto de un sueño que tuvo María. (Me contó el esposo de una ex-ministro de la Eucaristía que, a ella, en un retiro la religiosa que les estaba dando una charla les dijo que a María no se le apareció ningún ángel, que a lo sumo fue un sueño que ella tuvo). Ah, y si por si fuera poco he leído, de autor católico, que Cristo no nació en Belén. (Así que, a los villancicos navideños habrá que cambiarles la letra para que se ajusten a las nuevas ideas de nuestro tiempo).

Y la apostasía sigue cuando a Cristo se le niega el haber realizado milagros y, mucho menos, exorcismos (todo eso ha sido invención de los que escribieron los Evangelios), y sobre la misión de la Iglesia, como dijo un presbítero a quien personalmente escuché, que ésta debe ser la defensa y promoción de la cultura (en otras palabras, el anuncio del Evangelio de Jesucristo ya NO funciona, hay que cambiarlo por otras realidades del mundo moderno).

»Consecuencias nefastas de la Apostasía

Y ¿qué busca esta apostasía promovida por el espíritu del Anticristo por influjo de Satanás?, que la fe de los fieles se oscurezca y se debilite por las constantes y continuas incongruencias y contradicciones de estos superapóstoles (como los llama San Pablo) contra el Magisterio infalible de la Iglesia.

Si la fe de los creyentes se oscurece y se debilita creando lagunas y dudas en la fe de la Iglesia, es fácil negar otras verdades fundamentales de la fe. Y así, si lo que se dice de Jesucristo en los Evangelios no ocurrió así, y Cristo no dijo ni hizo lo que los evangelista le adjudican, entonces, ¿quién nos asegura que, por ejemplo, él dio poder a los apóstoles de perdonar los pecados o de convertir el pan y el vino en su cuerpo y sangre? O más todavía, ¿quién nos asegura que, efectivamente, hemos sido redimidos de nuestros pecados o que Jesucristo es Dios...?

Ante esta realidad que nos presenta la apostasía, la Iglesia y toda la obra de la salvación en Cristo es toda una falacia apoyada en cuentos de hadas (fábulas, leyendas...). Y esto es lo que busca la apostasía, destruir la fe de los creyentes. Con razón Jesucristo nos cuestiona de la siguiente manera: “Cuando venga el Hijo del hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18, 8). Como va esto de la apostasía, creo que...

Cuando estuve en el seminario, en la oración de los fieles durante la Misa, mientras mis compañeros pedían por las necesidades materiales de los demás y del mundo entero, yo pedía por las necesidades espirituales de las almas olvidadas del Purgatorio. Por varios días lo estuve haciendo así hasta que el rector del seminario me llamó a su oficina y me lo prohibió. (E igualmente me prohibió la lectura de la Imitación de Cristo). Por eso creo que, junto a la oración por las vocaciones, debemos orar por la formación en los seminarios e instituciones religiosa para que el Espíritu Santo bendiga y proteja dichas instituciones.

En otra ocasión una persona me dijo que el párroco de la iglesia a la que asistía ya no estaba haciendo, en la Misa, las oraciones por los difuntos, es decir, que las omitía.

Pero esto es parte de la prueba por la que debe atravesar la Iglesia de Jesucristo en los últimos tiempos conforme lo advirtió Jesucristo y la misma Iglesia nos lo sigue advirtiendo en el Catecismo. (Ver artículo 675).

Un gran teólogo y sacerdote español, Antonio Royo Marín, en sus escritos dice que quien niegue un solo dogma de fe, por fuerza está negando todos los demás, puesto que al negar una verdad de fe, dice, está destruyendo en sí mismo la fe divina. Quien niegue una verdad de fe, ha puesto en entredicho y en duda la infalibilidad de la Iglesia, puesto que si le parece ser falso lo que la Iglesia afirma y cree como verdad de fe revelada, ¿cómo puede confiar que las demás verdades de fe son ciertas si éstas se fundamentan en el Magisterio infalible de la Iglesia de la misma manera de las que han sido negadas?

Si el Infierno está vacío (como lo aseguran católicos modernos), éste no existe, luego Cristo, el Espíritu Santo y, por extensión, la Iglesia nos han mentido; si el Purgatorio está vacío (ya que a todos los difuntos los canonizan y mandan para el cielo), éste no existe, luego Cristo, el Espíritu Santo y, por extensión, la Iglesia nos han mentido; si Satanás no existe (como lo aseguran teólogos y exégetas modernos) Cristo, el Espíritu Santo y, por extensión, la Iglesia nos han mentido. Luego la conclusión lógica es que, si nos han mentido en esto, todas las demás verdades son igualmente falsas, no hay seguridad ni certeza de ellas; luego nuestra fe católica es vana y sin sentido. Ahora bien, como Cristo, el Espíritu Santo y, por extensión, la Iglesia son veraces, todo cuanto dicen y enseñan es verdad y, por consiguiente, estamos en conciencia cristiana y católica obligados a creerlo. Y así, como la existencia del Infierno es dogma de fe, éste sí existe, luego sí hay condenados; como la existencia del Purgatorio es dogma de fe, éste sí existe, luego sí hay almas en el Purgatorio por las que estamos obligados en caridad a ofrecer oraciones y sacrificios en favor de ellos (Catecismo de la Iglesia Católica 1032). Como la existencia de Satanás es una verdad de fe bien clara y sólida en la enseñanza de la Iglesia (Catecismo de la Iglesia Católica 391ss.; 2851ss. 1237; 1673; 2113ss.), su influencia y maldad se deja sentir en el mundo, por lo que nuestros pastores tienen, ante la Iglesia y, sobre todo, ante Dios que los eligió y llamó a ese ministerio, la grave y terrible responsabilidad de advertirnos de su existencia e influjo; de enseñarnos cómo reconocerlo y, en Jesucristo, vencerlo; y protegernos contra sus maquinaciones, mentiras y tentaciones para así salir airosos y triunfar contra él. Si nuestros pastores no lo hacen así, no es que veremos las consecuencias, es que ¡ya estamos viendo y viviendo las consecuencias!

Ahora bien, ¿por qué se está dando esta apostasía en algunos sectores de la Iglesia?

Se pide y se solicita mucha oración para que Dios envíe vocaciones sacerdotales y religiosas, pero yo, como ex-seminarista, junto con esta intención pido muchísimas oraciones y sacrificios por las instituciones de formación religiosa, puesto que, según mi experiencia se está fallando mucho en la formación de sacerdotes y religiosos santos.

Lamentablemente en dichas instituciones (no en todas) se está enfatizando más el aspecto socio-cultural y se está relegando a un segundo plano el anuncio del Evangelio de Salvación. Y no me malinterpreten, no es que el aspecto socio-cultural esté mal, al contrario, debe tener su parte en la formación religiosa y sacerdotal de los que se están formando, pero cuando uno ve y oye a un rector de seminario decir y expresarse con gran entusiasmo que la misión de la Iglesia debe ser la promoción de la cultura (sí, eso, los bailes folklóricos, la música, las tradiciones culturales y de pueblo, el idioma, la bandera...), entonces la cosa no anda bien. ¿Cuál es la misión de la Iglesia? Busca y lee en el Catecismo los siguientes artículos: 6, 758, 849, 863, 1303.

Como buenos católicos estamos llamados a vivir, creer y defender la verdad de la Iglesia por encima de opiniones humanas vengan de donde vengan. Claro, sin faltar el respeto y con humildad, pero con convicción y firmeza.

El desatino pastoral consiste en dar la impresión de que nadie se condena, por lo que se crea en las personas la falsa impresión de que la vida de pecado y vicios no tiene graves consecuencias para la vida eterna, por lo que se fomenta entre los cristianos una relajación moral y un desinterés por la práctica heroica de la fe y la caridad, cuyas consecuencias estamos sufriendo hoy en día en la Iglesia. ¿No será esta visión moderna de proyectar el mensaje cristiano (enfatizando más el aspecto socio-cultural por encima del Evangelio de la salvación) una de las causas principales por las que estamos sufriendo esta crisis vocacional y de fe? Te dejo a tu consideración.

Y si crees que estoy exagerando, mira este dato que escuché en un programa radial donde se hizo un estudio que indicaba que casi el 90% de los católicos desobedecen a la Iglesia en materia de moral, especialmente en los anticonceptivos. (Ni hablar de los que se separan, se divorcian y se vuelven a casar, y todo tan tranquilo como si nada. Sobre el divorcio lee en el Catecismo los artículos 1649 - 1651). Y según el Visitante (periódico semanal de la Iglesia católica en Puerto Rico) apenas asisten a la misa dominical 380 mil católicos. ¿Dónde están los otros varios millones que se dicen ser católicos? En cierta ocasión escuché a un presbítero decir que “esta pastoral no es para llenar las iglesias, puesto que si fuese así no habría lugar para tanta gente”. Entonces, ¿para qué sirve una pastoral que no busca atraer a las gentes a la Iglesia y en ella encuentren la verdad y la salvación eterna? Y pregunto: ¿Realmente queremos llevar el Evangelio tal y como Cristo pidió y exigió a sus apóstoles, y la salvación al mundo entero tal y como Dios quiere? Dejo esto a tu consideración.

Luego la existencia del Purgatorio, del Infierno, la necesidad a toda costa de asegurar la salvación eterna... son verdades que hay que creer, propagar y defender, pues son y siguen siendo enseñanzas y doctrinas fundamentales en el proceso de la evangelización de los pueblos, de las gentes.

Nota. Si crees que esta información será de gran ayuda intelectual y espiritual para tus amigos y familiares, te invito a que lo compartas. Y si deseas ser apóstol de Jesucristo en la propagación y defensa de la fe católica, igualmente te invito a que hagas este apostolado no solamente entre amigos y familiares, sino también en los grupos a los que pertenezcas. Jesús y María te bendigan.

Ver parte II: B. Dios no es Dios de muertos, sino de vivosC. Examinados en el amor.

Ver parte III: D. Nada manchado puede estar ante la presencia de Dios; E. Oraciones, mortificaciones, sacrificios y penitencias; F. Las parábolas de Jesús y el anuncio del Reino ¿Enseñó Jesús la doctrina del Purgatorio?; G. Pecados mortales y veniales.


Ver parte IV: H. La oración por los difuntos; I. El fuego purificador.

Ver parte V: J. El caso del ladrón arrepentido o del “buen ladrón”K. Resumen


Para un resumen bíblico de todo este tratado, accede tocando este enlace.

El Purgatorio en la Iglesia Primitiva y en los Padres de la Iglesia (toca imagen):




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Ver: Apologética Católica

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